REFLEXION DE FEBRERO 2013

24.06.2013 15:25
El 11 de febrero de este año 2013, renunció el Papa Benedicto XVI a su pontificado, hecho que cimbró a la comunidad católica en todo el mundo. Curiosamente, un obispo al conocer la noticia declaró ante un medio de comunicación que la sorpresiva renuncia del Papa había caído como un rayo del cielo y 10 horas después de esta declaración, efectivamente cayó un rayo en la cúpula de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, lo cual hizo estremecer a miles de fieles católicos y a los no católicos. También una considerable proporción de la comunidad católica manifestó su apoyo a la decisión del Papa Benedicto, pero hay muchos otros que se han manifestaron como abandonados y defraudados. Algunos incluso auguran la tan esperada llegada del Papa Negro que representaría el fin de todos los tiempos o como San Malaquías que en sus escritos predijo que el Papa Benedicto sería el penúltimo papa y tras la profetizada renuncia llegaría al pontificado el último Papa de la historia de la iglesia católica.
 
Otro suceso de este febrero sucedió el día 12 cuando el mundo se sorprendió por las recientes pruebas nucleares realizadas por Corea del Norte y que fue la tercera desde 2006, en un claro desafío a los tratados internacionales establecidos por la ONU que prohíben este tipo de prácticas y sobre todo este tipo de armas. No se hizo esperar la reacción de los Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea quienes decidieron adoptar una serie de sanciones en contra de ese país por haber realizado la prueba nuclear. La medida instituye un embargo al comercio de componentes que podrían ser usados como armamento nuclear, incluyendo “ciertos tipos de aluminio utilizados en los sistemas de misiles balísticos”. También prohíbe la negociación de oro, metales preciosos, diamantes y bonos del gobierno norcoreano, e impide a los bancos norcoreanos abrir nuevas sucursales en la Unión Europea, mientras las entidades europeas quedan prohibidas de hacer lo mismo en el país asiático. Al mismo tiempo, se ha ampliado la lista de individuos prohibidos de entrar en la mancomunidad y cuyos bienes en territorio europeo quedan congelados. Esta respuesta aplicada por los Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, que para nada fueron del gusto de Corea del Norte, podrían ser el detonante que ponga en riesgo la desquebrajada paz mundial y con ello el inicio de una posible tercera guerra mundial.
 
El 15 de febrero en los montes Urales de Rusia cayó un meteorito a una velocidad de 18 kilómetros por segundo o lo que es lo mismo 64,000 kilómetros por hora y el cual tiene un peso estimado entre 7 y 10 toneladas, el cual dejó más de un millar de heridos por el efecto ocasionado por la onda expansiva. Y tras este insólito suceso, y digo insólito porque ningún estudioso del tema, ni la misma NASA alertó en ningún momento a Rusia o a quien fuere, del impacto que bien pudo haber previsto. Sobre este episodio, a través de internet, se  publicaron muchos videos en los cuales se aprecia un extraño objeto que se estrella en la parte trasera del meteorito, provocando que éste se desfragmentara para no impactar de manera total en la tierra. Este fenómeno fue atribuido a una inteligencia superior extraterrestre que evitó que los efectos del impacto fueran mayores en el planeta y ante estos tres acontecimientos que te comenté, pues muchos insistieron en revisar las profecías mayas, el apocalipsis, fin del mundo, las profecías de San Malaquías, así como aquellas escritas por Nostradamus.
 
Tenemos tres ejemplos que nos conmueven, que nos provocan, que nos inquieta. El primero de orden religioso, el segundo de orden político y el tercero de orden natural con cierta dosis de fantástico o extraordinario. Todos ellos, lejos de invitarnos a la reflexión, alimentan el morbo, el tema de conversación, el tema de discusión y la polémica para acompañar el café… Todos y cada uno de estos problemas que afectan nuestro entorno social nos lleva a imaginar una futura catástrofe… de aquella de las que nos hablaban nuestros abuelos que lo sabían también, porque ellos también tuvieron abuelos… Estos sucesos nos han llevado en al menos una ocasión, pensar en el inevitable fin del mundo. Pero si te das cuenta, el advenimiento del fin del mundo no está demasiado lejos ni demasiado cerca… muchos preferimos evadir nuestra responsabilidad y culpar al destino, a la naturaleza o al mandato divino. Muchos siglos han pasado desde que aprendimos a temer a ese maldito lugar llamado infierno, sin darnos cuenta que el infierno siempre ha estado aquí en la tierra, en esta bendita tierra que para muchos nos significa el paraíso…
 
El fin del mundo, como se ha dicho antes, no vendrá del cielo, no vendrá del fondo de la tierra en donde se nos ha dicho habita el malévolo Lucifer o Satanás... El fin del mundo llega día a día con nuestras malas acciones… desperdiciando el agua, talando los bosques, contaminando los mares, manchando nuestro cielo… Peleando por la tierra que corresponde al ser humano por derecho propio, por la discriminación, por la falta de sensibilidad, la falta de valores, por sobreponer la ley del más fuerte  antes que la justicia… Por nuestra ignorancia, por nuestra indiferencia y desinterés.
 
¿Qué les vamos a dejar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos? No contribuyamos con nuestra ignorancia, con nuestro desinterés, con nuestro conformismo, hagamos algo por nosotros mismos, que al hacerlo, estaremos contribuyendo a no dejarle la carga a otro más. Sembremos nuestros propios árboles que nos darán oxigeno y cuidemos de ellos como si fueran nuestros propios hijos. Cuidemos nuestra propia agua que beberemos el día de mañana, cuidemos de nuestros propios bosques en lo que podremos pasear, cuidemos nuestros mares, nuestra flora y nuestra fauna… Cuidemoslo...
 
Si todos hacemos algo, aunque sea por nosotros mismos, podemos tener la certeza que estaremos caminando. No dejemos de observar el mundo que nos rodea, porque cada cambio, es una señal de cómo vamos.
Pero si al contrario, si somos uno de los muchos que se aterran del futuro, pero no hacen nada, sigamos en nuestro camino y aprendamos a llorar y a esperar a que todo reviente… ¡y seamos fuertes!... porque en cada uno de nosotros recaerá el peso al saber que pudimos hacer más y no lo hicimos. Nuestra ignorancia e indiferencia, serán nuestras flores y nuestra tumba y herencia para los nuestros.
 
Ojalá para entonces tengamos suficientes lágrimas para saciar nuestro propio llanto, porque la sed de querer hacer algo sera insatisfecha, porque entonces será demasiado tarde…
¡Hagamos algo HOY!

 

Julio César Jiménez Alarcón